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Identificación de repositorios

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08Jul

Cómo convertir la experiencia en conocimiento explícito.

julio 8, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Desarrollo de conocimiento, Identificación de repositorios 15

En el artículo anterior planteábamos una idea que, a primera vista, puede parecer sencilla: las competencias no son el punto de partida. Todo comienza con las experiencias. Sin embargo, comprender este principio nos lleva inevitablemente a una nueva pregunta: ¿cómo se transforma una experiencia en una competencia? Entre ambos existe un elemento del que se habla mucho menos y que, sin embargo, resulta fundamental para el desarrollo profesional: el conocimiento.

Estamos acostumbrados a valorar la experiencia como si fuera un activo en sí mismo. En una oferta de empleo se solicitan cinco o diez años de experiencia, como si el simple paso del tiempo garantizara un mayor nivel de competencia. Pero la realidad demuestra lo contrario. Dos personas pueden haber desempeñado el mismo trabajo durante una década y haber construido capacidades completamente distintas. Una habrá repetido las mismas tareas una y otra vez; la otra habrá cuestionado procesos, aprendido de los errores, observado a otras personas, adaptado su forma de trabajar y extraído aprendizajes de cada proyecto. Ambas acumulan experiencia, pero solo una ha conseguido transformarla en conocimiento.

La experiencia, por sí sola, no enseña. Lo que realmente genera aprendizaje es la reflexión sobre lo vivido. Cada proyecto, cada conversación difícil, cada decisión acertada o cada error contienen un enorme potencial de aprendizaje, pero ese potencial permanece oculto mientras no nos detenemos a analizar lo ocurrido. ¿Qué hice? ¿Por qué actué de esa manera? ¿Qué funcionó? ¿Qué haría diferente la próxima vez? ¿Qué aprendí que pueda aplicar en otra situación? Son preguntas sencillas, pero cambian por completo la relación que mantenemos con nuestra propia trayectoria profesional.

Es precisamente en ese momento cuando la experiencia comienza a convertirse en conocimiento. Dejamos de recordar únicamente lo que sucedió para comprender por qué sucedió y qué significado tiene para nuestra manera de actuar. Ese conocimiento ya no depende exclusivamente de la memoria ni de la intuición; empieza a organizarse, a adquirir estructura y a convertirse en un recurso que podemos reutilizar cada vez que afrontamos un nuevo desafío.

En Gestión del Conocimiento hablamos de hacer explícito el conocimiento. Aunque el concepto suele asociarse a las organizaciones, comienza mucho antes: en cada persona. Hacer explícito el conocimiento significa poner palabras a aquello que sabemos hacer casi sin darnos cuenta. Significa comprender los criterios que utilizamos para tomar decisiones, reconocer los patrones que se repiten en nuestra forma de resolver problemas y ser capaces de explicar aquello que antes simplemente hacíamos de manera intuitiva.

Todos conocemos profesionales con una enorme experiencia que encuentran dificultades para explicar cómo logran determinados resultados. Resuelven situaciones complejas con naturalidad, toman buenas decisiones y generan confianza en quienes trabajan con ellos, pero cuando alguien les pregunta cómo lo hacen, la respuesta suele ser: «No lo sé, simplemente lo hago.» Ese conocimiento existe, pero permanece oculto incluso para la propia persona. Mientras siga siendo implícito, será difícil mejorarlo, compartirlo o aplicarlo conscientemente en nuevos contextos.

Por eso, el verdadero desarrollo profesional no consiste únicamente en adquirir nuevos conocimientos. Consiste también en descubrir y hacer visible el conocimiento que ya hemos construido a lo largo de nuestra trayectoria. Cada vez que somos capaces de explicar cómo resolvemos un problema, por qué elegimos una estrategia determinada o qué hemos aprendido de una experiencia concreta, damos un paso más en nuestro propio desarrollo. La reflexión transforma la experiencia en conocimiento, y el conocimiento nos permite actuar con mayor criterio, adaptarnos mejor a nuevas situaciones y seguir aprendiendo.

Desde esta perspectiva, las competencias dejan de entenderse como una lista de cualidades personales. Se convierten en la expresión visible de un conocimiento que ha ido construyéndose a través de múltiples experiencias. Lo que observamos como competencia es, en realidad, el resultado de un proceso mucho más profundo: experiencias vividas, aprendizajes extraídos, conocimiento organizado y aplicado de forma consciente en contextos diferentes.

En GEIST Consultancy creemos que este es uno de los aspectos menos visibles y, al mismo tiempo, más valiosos del desarrollo profesional. Nuestro objetivo no es únicamente ayudar a las personas a recordar lo que han hecho, sino acompañarlas para comprender qué han aprendido de ello y cómo ese aprendizaje ha ido configurando su manera de trabajar. Porque la experiencia solo adquiere verdadero valor cuando se convierte en conocimiento consciente. Y es precisamente ese conocimiento el que, con el tiempo, da lugar a competencias sólidas, transferibles y capaces de seguir evolucionando a lo largo de toda la vida profesional.

En el próximo artículo daremos un paso más en este recorrido y exploraremos cómo ese conocimiento, una vez hecho explícito, se transforma en competencias observables y por qué comprender esta diferencia cambia por completo la manera de entender el desarrollo profesional.

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29Jun

El Balance de Competencias ya no es suficiente

junio 29, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Desarrollo de conocimiento, Identificación de repositorios 15

Por qué el futuro del desarrollo profesional pasa por gestionar el conocimiento, no solo por identificar competencias

Durante décadas, el Balance de Competencias ha ayudado a miles de personas a comprender mejor su trayectoria profesional, reconocer sus fortalezas y orientar nuevas decisiones laborales. Ha sido, y sigue siendo, una herramienta valiosa para detenerse, mirar atrás y descubrir capacidades que muchas veces permanecen invisibles en la rutina del trabajo diario.

Sin embargo, el mundo profesional ha cambiado profundamente.

Hoy cambiamos de empleo con mayor frecuencia, aparecen nuevas profesiones cada pocos años, la inteligencia artificial transforma la manera de trabajar y el conocimiento deja de ser un recurso estable para convertirse en algo que evoluciona continuamente. En este contexto, surge una pregunta que pocas metodologías responden:

¿Qué ocurre después del Balance de Competencias?

Identificar nuestras competencias es importante, pero ya no es suficiente. La verdadera cuestión es cómo seguir desarrollándolas, adaptándolas y utilizándolas a lo largo de una trayectoria profesional que probablemente cambiará varias veces.

El verdadero reto no es descubrir competencias, sino aprender a evolucionar

En muchos procesos de orientación profesional las personas llegan buscando respuestas concretas:

“¿Qué profesión debería elegir?”

“¿En qué soy bueno?”

“¿Cuál es mi siguiente paso?”

Sin embargo, la experiencia demuestra que las respuestas rara vez son tan simples.

A lo largo de los últimos años, acompañando a profesionales de sectores muy diversos —industria, ingeniería, tecnología, emprendimiento o entidades sociales— hemos observado un patrón que se repite con sorprendente frecuencia.

Las competencias no suelen desaparecer.

Lo que cambia es la forma en que las personas las perciben.

Después de años trabajando bajo presión, afrontando cambios organizativos o atravesando etapas de incertidumbre, muchas personas dejan de reconocer el valor que han construido. Siguen siendo capaces de analizar, aprender, resolver problemas o coordinar equipos, pero esas capacidades quedan ocultas tras el desgaste, la rutina o la sensación de haber perdido el rumbo.

Cuando analizamos sus experiencias desde las evidencias y no desde las emociones del momento, descubrimos algo muy diferente: las competencias siguen ahí.

Lo que necesitan no es empezar de nuevo.

Necesitan volver a hacer visible todo aquello que ya han construido.

La experiencia solo genera valor cuando se transforma en conocimiento

Esta reflexión nos llevó a conectar disciplinas que, tradicionalmente, han evolucionado por separado.

Por un lado, el Balance de Competencias nos ayuda a reconstruir la trayectoria profesional de una persona.

Por otro, la Gestión del Conocimiento nos enseña que la experiencia únicamente adquiere valor cuando somos capaces de hacerla explícita, comprenderla y reutilizarla.

Y el Personal Knowledge Management (PKM) nos recuerda que aprender no consiste en acumular información, sino en desarrollar hábitos para capturar, organizar, relacionar y aplicar ese conocimiento de forma continua.

Cuando unimos estas perspectivas aparece una idea diferente.

Las competencias no nacen de un curso de formación.

Nacen de las experiencias.

Se fortalecen mediante la reflexión.

Se consolidan cuando generan valor en situaciones reales.

Y continúan evolucionando cada vez que la persona aprende algo nuevo.

Desde esta perspectiva, el Balance de Competencias deja de ser un proceso aislado y se convierte en el punto de partida de un aprendizaje permanente.

Un cambio de pregunta

Durante mucho tiempo hemos preguntado:

¿Qué competencias tienes?

Quizá hoy deberíamos empezar a preguntar:

¿Cómo vas a seguir desarrollando esas competencias durante los próximos diez años?

Este pequeño cambio modifica completamente la conversación.

Ya no hablamos únicamente de empleabilidad.

Hablamos de capacidad de adaptación.

No hablamos solo de orientación profesional.

Hablamos de aprendizaje continuo.

No hablamos únicamente del pasado.

Hablamos de cómo construir el futuro.

Hacia un nuevo enfoque del desarrollo profesional

En GEIST Consultancy creemos que el desarrollo profesional necesita integrar el conocimiento adquirido durante las últimas décadas en ámbitos como la Gestión del Conocimiento, las competencias organizativas, el aprendizaje permanente y la orientación profesional.

Por ello, estamos trabajando en un marco que entiende el desarrollo competencial como un proceso continuo, donde cada experiencia alimenta nuevos aprendizajes y cada aprendizaje fortalece nuevas competencias.

No se trata únicamente de descubrir quién eres hoy como profesional.

Se trata de desarrollar la capacidad para seguir evolucionando durante toda tu vida laboral.

El futuro empieza cuando termina el Balance

Quizá la mayor aportación del Balance de Competencias no sea responder quién eres.

Quizá sea ayudarte a formular una pregunta mucho más poderosa:

¿Qué quieres seguir construyendo a partir de todo lo que ya has aprendido?

Porque la experiencia, por sí sola, no garantiza el crecimiento.

El conocimiento, por sí solo, tampoco.

El verdadero desarrollo comienza cuando somos capaces de transformar la experiencia en conocimiento, el conocimiento en competencias y las competencias en nuevas oportunidades para seguir aprendiendo y aportando valor.

Ese es el reto del desarrollo profesional en la era del aprendizaje continuo.

Y, probablemente, también sea el siguiente paso en la evolución del Balance de Competencias.

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24Jun

Tener más datos no garantiza mejores resultados

junio 24, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Identificación de repositorios, servicios 16

Del dato a la ventaja competitiva: el camino que muchas organizaciones olvidan

Vivimos en una época en la que generar información nunca había sido tan fácil.

Sistemas ERP, CRM, plataformas colaborativas, sensores industriales, inteligencia artificial, cuadros de mando y herramientas de análisis producen diariamente cantidades enormes de datos. Sin embargo, a pesar de disponer de más información que nunca, muchas organizaciones siguen enfrentándose a los mismos desafíos: dificultades para tomar decisiones, pérdida de conocimiento crítico, duplicación de esfuerzos o problemas para adaptarse a nuevos contextos.

La pregunta es inevitable:

¿Por qué disponer de más información no siempre se traduce en mejores resultados?

La respuesta suele encontrarse en una confusión frecuente entre conceptos que utilizamos a diario como si fueran sinónimos: datos, información, conocimiento, capacidad y competencia.

El primer error: creer que los datos tienen significado por sí solos

Los datos representan hechos aislados.

Una cifra, una fecha, un registro de producción o un resultado de una encuesta son ejemplos de datos. Por sí mismos, carecen de significado. Necesitan contexto para ser interpretados.

Por ejemplo, saber que una máquina ha producido 1.250 piezas durante una jornada es un dato.

¿Es un buen resultado? ¿Es peor que ayer? ¿Está dentro de los objetivos previstos?

Sin contexto resulta imposible responder.

Cuando los datos adquieren contexto aparece la información

La información surge cuando organizamos e interpretamos los datos.

Volviendo al ejemplo anterior, comparar las 1.250 piezas producidas con los objetivos establecidos o con los resultados históricos permite comprender mejor la situación.

La información ayuda a responder preguntas como:

  • ¿Qué está ocurriendo?
  • ¿Qué ha cambiado?
  • ¿Dónde existen desviaciones?

Sin embargo, incluso una información perfectamente estructurada no garantiza una decisión acertada.

El conocimiento aparece cuando interviene la experiencia

Dos personas pueden recibir exactamente la misma información y llegar a conclusiones diferentes.

¿Por qué?

Porque el conocimiento no reside únicamente en los documentos o sistemas informáticos.

El conocimiento surge cuando las personas interpretan la información a partir de su experiencia, su contexto, sus aprendizajes previos y su capacidad de análisis.

Por eso una organización puede disponer de procedimientos perfectamente documentados y, aun así, depender enormemente de determinadas personas para resolver problemas complejos.

La experiencia sigue siendo un activo crítico.

El verdadero reto: transformar conocimiento en capacidad

Aquí es donde muchas iniciativas de transformación digital encuentran sus límites.

Una organización puede disponer de datos de calidad, información bien estructurada y profesionales con gran conocimiento.

Pero eso no significa necesariamente que sea capaz de actuar de manera eficaz.

La capacidad aparece cuando el conocimiento puede utilizarse de forma consistente para alcanzar un propósito.

No depende únicamente de las personas.

También intervienen procesos, recursos, herramientas, relaciones y cultura organizativa.

Las capacidades organizativas permiten que el conocimiento deje de ser individual y se convierta en algo que la organización puede reproducir y desarrollar.

De la capacidad a la competencia

Cuando una capacidad puede aplicarse de manera consistente para generar resultados en situaciones reales, hablamos de competencia.

La competencia representa la capacidad demostrada para actuar con eficacia.

Por este motivo, las organizaciones no deberían preguntarse únicamente qué conocimiento poseen.

La pregunta más relevante es:

¿Qué somos capaces de hacer gracias a ese conocimiento?

La ventaja competitiva no surge de la información

En muchas ocasiones se afirma que los datos son el nuevo petróleo.

Sin embargo, la realidad es más compleja.

Los datos están cada vez más disponibles.

La tecnología es cada vez más accesible.

La inteligencia artificial se está democratizando rápidamente.

Lo que sigue siendo difícil de copiar son las capacidades organizativas desarrolladas a lo largo del tiempo.

La capacidad para aprender más rápido, compartir conocimiento, adaptarse al cambio, colaborar eficazmente o innovar de manera sostenida continúa siendo una fuente de diferenciación difícil de imitar.

Del dato a la ventaja competitiva

El proceso puede resumirse de forma sencilla:

Datos → Información → Conocimiento → Capacidad → Competencia → Ventaja competitiva

Cada nivel aporta valor al anterior.

Pero también exige nuevas capacidades de gestión y aprendizaje.

Las organizaciones que prosperan no son necesariamente aquellas que generan más información.

Son aquellas capaces de transformar conocimiento en capacidades organizativas que generan resultados.

Una reflexión

La inteligencia artificial seguirá multiplicando nuestra capacidad para generar y procesar información.

Sin embargo, el desafío principal seguirá siendo humano y organizativo.

Porque la verdadera ventaja competitiva no reside en los datos que una organización posee.

Reside en su capacidad para convertir esos datos en conocimiento, ese conocimiento en capacidades y esas capacidades en resultados sostenibles.

¿Sabes qué conocimientos son realmente críticos para el futuro de tu organización?

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24Jun

¿Por qué muchos proyectos emprendedores fracasan antes de empezar?

junio 24, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Desarrollo de conocimiento, Identificación de repositorios, Innovación 19

Cuatro años aprendiendo junto a personas emprendedoras

Cuando pensamos en emprendimiento solemos pensar en ideas de negocio, financiación, marketing o modelos empresariales. Sin embargo, después de varios años acompañando a personas emprendedoras y profesionales en procesos de desarrollo, hemos observado un patrón que se repite con más frecuencia de la que imaginamos.

Muchas personas intentan diseñar un proyecto antes de comprender el principal activo sobre el que ese proyecto va a construirse: ellas mismas.

Y este fenómeno no afecta únicamente al emprendimiento. También aparece en procesos de reinvención profesional, transición laboral, búsqueda de empleo, desarrollo de carrera o creación de nuevos servicios.

La pregunta es sencilla: ¿cómo podemos construir algo sólido si todavía no conocemos bien los recursos con los que contamos?

El error de empezar por la idea

En muchos programas de emprendimiento, la primera pregunta suele ser: ¿Cuál es tu idea de negocio?

Sin embargo, nuestra experiencia nos ha llevado a formular otras preguntas que, en muchos casos, resultan todavía más importantes:

  • ¿Qué valor puedes aportar?
  • ¿Qué sabes hacer realmente bien?
  • ¿Qué problemas has aprendido a resolver?
  • ¿Qué experiencias han moldeado tu forma de trabajar?
  • ¿Qué recursos ya existen a tu alrededor?
  • ¿Qué capacidades te diferencian de otras personas?

Cuando estas preguntas quedan sin respuesta, incluso las mejores ideas pueden tener dificultades para convertirse en proyectos sostenibles.

La realidad es que una idea, por sí sola, rara vez garantiza el éxito. Lo que realmente marca la diferencia es la capacidad de la persona para transformar esa idea en acción y generar valor de forma sostenida en el tiempo.

El activo más importante suele ser invisible

Desde la perspectiva de la gestión del conocimiento, las personas también poseen activos intangibles. No aparecen en los balances financieros ni suelen reflejarse completamente en un currículum, pero condicionan profundamente nuestra capacidad para crear valor.

Hablamos de conocimientos adquiridos a lo largo de los años, experiencias acumuladas, redes de relación, aprendizajes obtenidos tanto de éxitos como de errores, capacidades desarrolladas en contextos personales y profesionales, así como de intereses, motivaciones y aspiraciones.

Con frecuencia encontramos personas que subestiman estos recursos o simplemente no son conscientes de ellos. Sin embargo, precisamente ahí suele encontrarse una parte importante de su potencial.

Reconocer estos activos invisibles es el primer paso para poder utilizarlos de forma estratégica.

Aprender a reconocer el conocimiento propio

Vivimos en una época caracterizada por la abundancia de información. Paradójicamente, muchas personas dedican más tiempo a buscar nuevas respuestas que a comprender los recursos que ya poseen.

Durante los últimos años hemos acompañado a decenas de personas en diferentes etapas de desarrollo profesional y emprendedor. La experiencia acumulada nos ha permitido observar que quienes logran identificar mejor sus fortalezas, capacidades y aprendizajes suelen tomar decisiones con mayor claridad y avanzar con más confianza.

No porque tengan más información que otras personas.

Sino porque comprenden mejor cómo utilizar el conocimiento que ya poseen.

Esta capacidad resulta especialmente relevante en un contexto en el que la información está cada vez más disponible, pero la capacidad de interpretarla, conectarla con la experiencia y convertirla en acción sigue siendo un factor diferencial.

Emprender también significa aprender

El emprendimiento suele asociarse a la capacidad de crear algo nuevo. Pero antes de crear, es necesario aprender.

Aprender sobre mercados, clientes, tecnología, oportunidades y modelos de negocio. Y también aprender sobre uno mismo.

Por ello, cada vez adquieren más relevancia enfoques que ayudan a las personas a reflexionar sobre sus competencias, recursos y propuesta de valor antes de diseñar proyectos empresariales.

Herramientas como Business Model You o el Personal Business Model Canvas han contribuido a trasladar la lógica del modelo de negocio al ámbito del desarrollo profesional, invitando a las personas a reflexionar sobre preguntas fundamentales:

  • ¿Quién soy?
  • ¿Qué puedo aportar?
  • ¿A quién ayudo?
  • ¿Qué valor genero?
  • ¿Qué recursos necesito desarrollar?

No se trata únicamente de diseñar un negocio.

Se trata de comprender mejor cómo generamos valor y cómo podemos seguir desarrollando esa capacidad a lo largo del tiempo.

Más allá del emprendimiento

Quizás una de las conclusiones más interesantes de estos años es que muchas de las capacidades necesarias para emprender son también fundamentales para cualquier trayectoria profesional.

La capacidad de aprender.

La capacidad de adaptarse.

La capacidad de construir relaciones.

La capacidad de gestionar conocimiento.

La capacidad de transformar experiencias en aprendizaje útil.

La capacidad de actuar en contextos inciertos.

Estas capacidades seguirán siendo relevantes independientemente del sector, la profesión o la tecnología disponible.

En un momento en el que la inteligencia artificial está transformando numerosos ámbitos de trabajo, estas capacidades humanas adquieren todavía más importancia. Porque las herramientas pueden procesar información, pero siguen siendo las personas quienes dotan de significado a la experiencia, establecen relaciones, toman decisiones y crean nuevas posibilidades.

Una reflexión para organizaciones y programas de desarrollo

Cada vez más organizaciones impulsan iniciativas de emprendimiento, empleabilidad, desarrollo de talento o formación profesional. Sin embargo, merece la pena detenerse un momento y plantear una cuestión fundamental:

¿Estamos dedicando suficiente tiempo a ayudar a las personas a identificar y desarrollar sus capacidades antes de pedirles que diseñen proyectos, planes o estrategias?

La experiencia nos indica que cuando las personas comprenden mejor sus recursos, el aprendizaje posterior resulta más sólido, más significativo y más sostenible.

No se trata de sustituir los planes de negocio, los análisis de mercado o las herramientas de gestión. Se trata de construir una base más sólida sobre la que apoyarlos.

Una conclusión que sigue repitiéndose

Después de cuatro años de experiencia, hay una reflexión que sigue apareciendo una y otra vez.

Las personas rara vez fracasan por falta de ideas.

Con más frecuencia encuentran dificultades porque no logran identificar, movilizar y desarrollar los recursos que ya poseen.

Quizás por eso la pregunta más importante no sea:

¿Cuál es tu idea de negocio?

Sino:

¿Qué capacidades tienes para convertir cualquier idea en realidad?

Una conversación abierta

En GEIST Consultancy seguimos explorando cómo el conocimiento, las competencias y el aprendizaje contribuyen al desarrollo de personas, equipos y organizaciones.

Creemos que el futuro del emprendimiento, la empleabilidad y el desarrollo profesional no depende únicamente de mejores herramientas o metodologías, sino también de la capacidad de las personas para reconocer, movilizar y desarrollar los recursos que ya poseen.

Si tu organización impulsa programas de emprendimiento, desarrollo del talento, empleabilidad o aprendizaje continuo y te interesa intercambiar experiencias sobre estos desafíos, estaremos encantados de conversar.

Porque antes de construir proyectos sostenibles, necesitamos ayudar a las personas a descubrir el valor de los recursos que ya tienen.

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19Mar

Definición del Conocimiento y sus componentes

marzo 19, 2023 Cioka #ejemplo practico, Desarrollo de conocimiento, Geist, Identificación de repositorios 155

¿𝗤𝘂𝗲́ 𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼? ¿𝗬 𝗰𝗼́𝗺𝗼 𝗹𝗼 𝗲𝘅𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗿í𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝗲𝗻𝗰𝗶𝗹𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲? ⁣Aquí, utilizando el ejemplo de un cocinero y sus actividades en la cocina, se presenta el concepto de la escala de conocimiento según Klaus North

 

Conocimiento(ISO 30401:2018 § 3.25) Activo humano u organizacional que facilita la toma de decisiones efectivas y la realización de acciones en contexto Nota 1 El conocimiento puede ser individual, colectivo u organizacional Nota 3 El conocimiento es adquirido mediante el aprendizaje o la experiencia Gestión de conocimiento La gestión del conocimiento es una actividad con un carácter holístico, centrado en gestionar y utilizar activa, consciente y sistemáticamente el conocimiento para obtener ventajas competitivas Se basa en una cultura de aprendizaje continuo en la que el conocimiento se va adquiriendo progresivamente en función de las necesidades y en la que la experiencia adquirida se va interiorizando para aprender La escala del conocimiento según Klaus North

 

¿𝗤𝘂𝗲́ 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗲𝗹 𝘁𝗲́𝗿𝗺𝗶𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘆 𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗻𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗻𝗲?𝗦𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗶𝗺𝗽𝗹í𝗰𝗶𝘁𝗼 𝘆 𝗲𝘅𝗽𝗹í𝗰𝗶𝘁𝗼, 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘆, 𝗽𝗼𝗿 𝘂́𝗹𝘁𝗶𝗺𝗼, 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘆 𝘀𝘂 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗮𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗿𝗮́𝗰𝘁𝗶𝗰𝗮. ⁣

🔦 Imaginemos que un chef trabaja en un restaurante que quiere ofrecer una nueva sección de platos vegetarianos en el menú.

El chef sabe cómo cocinar verduras, pero no tiene mucho conocimiento sobre cómo crear platos vegetarianos sabrosos y bien equilibrados que atraigan a los comensales.

Para abordar esta situación, el chef puede aplicar la gestión del conocimiento para obtener el conocimiento necesario para crear estos platos.

Primero, el chef puede comenzar por recopilar información sobre los ingredientes vegetales disponibles y sus propiedades nutricionales.

Luego, puede buscar datos sobre las preferencias de los comensales en relación con los platos vegetarianos y la demanda del mercado en general.

A través de esta recopilación de información y datos, el chef puede adquirir conocimientos explícitos y comprender mejor el contexto en el que se encuentra trabajando.

Después de adquirir este conocimiento, el chef puede aplicar su capacidad culinaria y comenzar a experimentar con diferentes ingredientes y técnicas para crear platos vegetarianos sabrosos y bien equilibrados.

Con el tiempo, puede compartir su conocimiento con otros chefs y miembros del personal en el restaurante, lo que fomenta la gestión del conocimiento colectivo en la organización.

Finalmente, al utilizar activa, consciente y sistemáticamente el conocimiento adquirido, el chef puede crear platos vegetarianos exitosos y así desarrollar la competencia sobre la cocina vegetariana, destacar con sus platos del resto de los restaurantes al rededor y ganar con el tiempo una ventaja competitiva para el restaurante.

A través de la gestión del conocimiento operativo y estratégico, el chef ha adquirido el conocimiento necesario para crear nuevos platos y mejorar la calidad del menú en general, lo que ha llevado al éxito del negocio.

👉 Aquí puedes leer las definiciones en nuestro glosario: https://lnkd.in/duEMu-Jt
https://lnkd.in/enWiXVj3

¿𝗧𝗲 𝗵𝗮 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼 𝘂́𝘁𝗶𝗹 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗲𝗷𝗲𝗺𝗽𝗹𝗼? 𝗘𝘀𝗰𝗿í𝗯𝗲𝗹𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀!

 

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