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#transferencia

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08Jul

Las competencias no son el punto de partida. Todo empieza con las experiencias.

julio 8, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Desarrollo de conocimiento 41

Cuando iniciamos un proceso de desarrollo profesional, casi siempre comenzamos haciéndonos la misma pregunta: ¿cuáles son mis competencias? Es una cuestión comprensible. Durante años hemos aprendido a definir nuestro perfil profesional a través de listas de competencias, habilidades o fortalezas. Hemos asumido que, para entender quiénes somos como profesionales, primero debemos identificar aquello que sabemos hacer.

Sin embargo, la experiencia nos ha llevado a cuestionar esa forma de empezar. Después de acompañar durante años procesos de Balance de Competencias, hemos comprobado que las competencias no constituyen el punto de partida, sino el resultado de un camino mucho más profundo. Antes de cualquier competencia siempre existe una experiencia.

Nadie desarrolla capacidad de liderazgo leyendo una definición sobre liderazgo. Nadie aprende a resolver problemas simplemente porque esa habilidad aparezca en la descripción de un puesto de trabajo. Las competencias se construyen enfrentándose a situaciones reales, tomando decisiones, colaborando con otras personas, superando dificultades y aprendiendo de cada experiencia vivida. Por eso, cuando una persona intenta describirse profesionalmente, suele comenzar por el final de la historia.

Es habitual escuchar afirmaciones como «soy una persona organizada», «tengo capacidad analítica» o «sé trabajar bajo presión». Todas ellas pueden ser ciertas, pero, por sí solas, dicen muy poco. Lo verdaderamente interesante es comprender cómo llegaron a construirse esas capacidades. ¿Qué situaciones obligaron a esa persona a organizarse? ¿Qué proyectos desarrollaron su pensamiento analítico? ¿Qué experiencias le enseñaron a mantener la calma en momentos de presión? Cuando aparecen esas respuestas, las competencias dejan de ser conceptos abstractos y empiezan a adquirir un significado mucho más profundo.

Con frecuencia trabajamos con personas que llegan convencidas de haber perdido parte de su valor profesional. Después de un cambio de empleo, una reorganización, un periodo de desempleo o, simplemente, tras muchos años desempeñando la misma actividad, es habitual que aparezca la sensación de haber dejado de crecer. Sin embargo, cuando comenzamos a reconstruir su trayectoria profesional, ocurre algo muy diferente: las competencias siguen ahí. No han desaparecido; simplemente habían dejado de ser visibles para la propia persona.

Un proyecto especialmente complejo, una decisión difícil, un conflicto resuelto con éxito, una mejora introducida en un proceso o una colaboración que permitió alcanzar un objetivo son mucho más que recuerdos profesionales. Constituyen evidencias de cómo una persona ha ido construyendo su manera de trabajar a lo largo del tiempo. Y es precisamente ahí donde comienza nuestro trabajo.

No pedimos a las personas que se definan mediante una lista de cualidades. Les invitamos a recordar, a explicar qué hicieron realmente, qué decisiones tomaron, qué aprendieron y qué volverían a hacer de la misma manera o de forma diferente. Porque las competencias no se identifican por la manera en que una persona habla de sí misma, sino por los patrones que aparecen de forma consistente a lo largo de su historia profesional.

Este cambio de perspectiva transforma por completo la conversación. Dejamos de buscar etiquetas para empezar a comprender trayectorias. Ya no hablamos únicamente de fortalezas, sino de experiencias que generan aprendizaje, de aprendizaje que se convierte en conocimiento y de conocimiento que, con el tiempo, da lugar a competencias cada vez más sólidas. Desde esta perspectiva, las competencias dejan de ser una fotografía estática para convertirse en la consecuencia natural de un proceso continuo de aprendizaje.

Quizá por eso la pregunta más importante ya no sea «¿qué competencias tienes?», sino «¿qué experiencias han construido a la profesional o al profesional que eres hoy?». Cuando comprendemos esa historia, comprendemos también el verdadero valor que una persona puede aportar. Y, curiosamente, es justo en ese momento cuando las competencias aparecen con mucha más claridad. No porque las hayamos buscado directamente, sino porque son la consecuencia de todo lo que esa persona ha vivido, aprendido y transformado a lo largo de su trayectoria.

En GEIST Consultancy creemos que el desarrollo competencial comienza mucho antes de poner nombre a una competencia. Comienza escuchando las experiencias, analizando las evidencias y comprendiendo cómo cada aprendizaje va construyendo una identidad profesional única. Ese es el fundamento de nuestra metodología.

En el próximo artículo daremos un paso más en este recorrido y exploraremos cómo las experiencias se transforman en conocimiento explícito y por qué ese conocimiento constituye el verdadero motor del desarrollo profesional continuo.

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09Jun

De la crítica a la acción: por qué el Taller de Futuro sigue funcionando 50 años después

junio 9, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Desarrollo de conocimiento, Geist, Innovación, Knowledge Creation 42

Vivimos una época marcada por la inteligencia artificial, la digitalización, la aceleración tecnológica, la escasez de talento y la creciente complejidad organizativa. Nunca antes habíamos tenido acceso a tanta información, tantas herramientas y tantas posibilidades para analizar datos y generar soluciones. Sin embargo, muchas organizaciones siguen enfrentándose a una pregunta fundamental: ¿cómo convertir toda esa información en decisiones, aprendizaje y acción colectiva?

Curiosamente, una de las metodologías que mejor responde a esta pregunta no es nueva. Fue desarrollada hace más de medio siglo por Robert Jungk y continúa demostrando su utilidad en contextos muy diferentes. Se trata del Taller de Futuro (Zukunftswerkstatt), una metodología participativa que ayuda a las personas a analizar problemas, imaginar alternativas y construir conjuntamente caminos de actuación.

Mi primer contacto con esta metodología tuvo lugar durante mis estudios de máster en Alemania, en el programa Culturas de las Organizaciones y Transferencia de Conocimiento. Lo que más me llamó la atención no fue la estructura del método ni las dinámicas utilizadas. Lo verdaderamente significativo fue la experiencia de participación. Como estudiantes, no éramos simples receptores de un programa diseñado por otros; formábamos parte activa de la reflexión sobre cómo debía evolucionar una titulación nueva, interdisciplinar e innovadora.

Aquella experiencia me dejó una impresión duradera. Por primera vez observé cómo un grupo de personas con perspectivas diferentes podía transformar críticas, expectativas y experiencias individuales en propuestas concretas. Con el paso de los años he tenido la oportunidad de aplicar esta metodología en distintos sectores y contextos, y esa primera impresión no ha hecho más que confirmarse.

Un método nacido para tiempos de transformación

Cuando se investiga el origen del Taller de Futuro aparece una idea especialmente interesante. Muchas de las metodologías que hoy consideramos innovadoras surgieron en momentos de incertidumbre social, económica o tecnológica. Robert Jungk desarrolló esta propuesta en un contexto marcado por profundas transformaciones sociales y por la necesidad de encontrar nuevas formas de participación ciudadana.

La situación actual presenta diferencias evidentes, pero también ciertas similitudes. Las organizaciones se enfrentan a cambios acelerados, mercados impredecibles, nuevas tecnologías y una creciente necesidad de adaptación. En este contexto, resulta cada vez más evidente que las soluciones sostenibles rara vez surgen únicamente de análisis técnicos o decisiones jerárquicas. Las organizaciones necesitan aprovechar mejor el conocimiento distribuido entre las personas que las integran.

Precisamente ahí reside una de las fortalezas del Taller de Futuro.

La metodología se estructura en tres fases claramente diferenciadas. La primera es la fase crítica, donde se identifican problemas, limitaciones y obstáculos. La segunda es la fase de fantasía o utopía, donde los participantes imaginan escenarios deseables sin las restricciones habituales del día a día. Finalmente, en la fase de realización, las ideas generadas se transforman en iniciativas concretas, responsabilidades y acciones viables.

Aunque la estructura parece sencilla, su impacto es considerable. La separación consciente entre crítica, creatividad e implementación evita que las ideas queden atrapadas en discusiones interminables sobre problemas o, por el contrario, en propuestas atractivas pero imposibles de materializar.

Mucho más que creatividad

Con frecuencia se describe el Taller de Futuro como una herramienta de innovación o creatividad. Sin embargo, mi experiencia profesional me ha llevado a interpretarlo desde una perspectiva diferente.

En esencia, se trata de una metodología para hacer visible conocimiento.

Las organizaciones suelen disponer de abundante información, procedimientos documentados y herramientas digitales. Sin embargo, gran parte del conocimiento relevante permanece distribuido entre personas, equipos y experiencias acumuladas a lo largo del tiempo. Ese conocimiento rara vez aparece en informes o bases de datos. Se encuentra en conversaciones, aprendizajes informales, intuiciones profesionales y prácticas cotidianas.

El Taller de Futuro crea un espacio donde ese conocimiento puede emerger, conectarse y adquirir significado colectivo. Desde esta perspectiva, no es únicamente una metodología participativa; también es una herramienta de gestión del conocimiento y aprendizaje organizacional.

Caso 1: Alemania – Desarrollo de personas en el entorno industrial

Uno de los primeros proyectos profesionales en los que utilicé esta metodología se desarrolló en el ámbito de la gestión de personas dentro de una organización industrial.

El objetivo inicial consistía en diseñar una guía práctica que ayudara a profesionales responsables de personas a orientar mejor a empleados y responsables sobre cuestiones relacionadas con el desarrollo y la cualificación profesional.

Sin embargo, el proyecto evolucionó rápidamente hacia una pregunta más relevante: ¿qué conocimiento necesitan realmente las personas para desempeñar mejor su función de orientación y acompañamiento?

A través del Taller de Futuro fue posible identificar necesidades de información, barreras de comunicación, dificultades de coordinación y expectativas que difícilmente habrían aparecido mediante herramientas más convencionales. El resultado no fue únicamente una propuesta documental, sino una comprensión mucho más profunda de cómo fluía el conocimiento dentro de la organización y de qué manera podía ponerse al servicio de quienes lo necesitaban.

Mirando atrás, considero aquel proyecto una de mis primeras experiencias prácticas de gestión del conocimiento aplicada a un problema organizativo real.

Caso 2: España – Emprendimiento y trabajo autónomo

Años más tarde, la metodología fue utilizada en un taller dirigido a personas emprendedoras y profesionales autónomos.

La pregunta inicial parecía sencilla: ¿qué significa emprender con éxito?

Sin embargo, las conversaciones mostraron rápidamente la complejidad de la cuestión. Durante la fase crítica aparecieron temas relacionados con la gestión del tiempo, la visibilidad profesional, la comunicación de los servicios, la dificultad para acceder a redes de colaboración, la incertidumbre económica o la sensación de soledad que acompaña con frecuencia a quienes desarrollan proyectos propios.

La fase de fantasía permitió transformar esas dificultades en imágenes positivas de futuro y explorar nuevas posibilidades sin las limitaciones habituales. Finalmente, la fase de realización ayudó a convertir esas ideas en acciones concretas relacionadas con estrategia, productividad, colaboración y desarrollo profesional.

Más allá de los resultados obtenidos, el mayor valor del proceso fue comprobar cómo experiencias individuales aparentemente aisladas se transformaban en aprendizaje colectivo compartido.

Caso 3: España – Orientación al cliente en una pequeña empresa de servicios

El tercer caso se desarrolló en una pequeña empresa de servicios que deseaba reforzar su orientación al cliente.

En lugar de comenzar definiendo procedimientos o indicadores, el proceso partió de una pregunta fundamental: ¿qué significa realmente ofrecer un servicio excelente en nuestro contexto?

Las respuestas permitieron construir una comprensión compartida basada en conceptos como adaptación al cliente, comunicación, calidad, rapidez de respuesta y capacidad de generar confianza. Posteriormente se identificaron áreas de mejora y se definieron acciones concretas para reforzar la orientación al servicio.

Lo más interesante fue observar cómo la definición de calidad no fue impuesta desde la dirección ni desde una consultoría externa. Surgió de la experiencia colectiva de quienes interactuaban diariamente con clientes, proveedores y compañeros.

Cuando las personas participan en la construcción de las soluciones, la implementación deja de percibirse como una obligación y pasa a convertirse en una responsabilidad compartida.

¿Qué puede aportar esta metodología en la era de la inteligencia artificial?

Es una pregunta cada vez más frecuente.

Si hoy disponemos de herramientas capaces de analizar información, generar propuestas o resumir grandes cantidades de contenido en cuestión de segundos, ¿qué papel pueden desempeñar metodologías participativas como el Taller de Futuro?

La respuesta no consiste en elegir entre tecnología o participación.

La inteligencia artificial puede ayudarnos a procesar información, identificar patrones y explorar alternativas. Sin embargo, la interpretación, la atribución de significado y la toma de decisiones continúan siendo procesos profundamente humanos.

Las organizaciones siguen necesitando espacios donde las personas puedan compartir experiencias, construir confianza, cuestionar supuestos y generar una comprensión común de los retos a los que se enfrentan. De hecho, cuanto más abundante es la información disponible, más importante se vuelve la capacidad de convertirla en conocimiento útil y acción colectiva.

En este sentido, la inteligencia artificial no sustituye metodologías como el Taller de Futuro. Más bien pone de manifiesto su relevancia.

Una reflexión final

A lo largo de los años he trabajado con organizaciones, equipos, comunidades profesionales y personas emprendedoras en contextos muy diferentes. Sin embargo, existe una constante que se repite una y otra vez.

Las mejores soluciones rara vez aparecen cuando buscamos respuestas rápidas. Suelen surgir cuando creamos las condiciones adecuadas para que las personas puedan expresar sus preocupaciones, compartir su experiencia, imaginar alternativas y asumir conjuntamente la responsabilidad de construir algo nuevo.

Desde la perspectiva de la gestión del conocimiento, el verdadero valor del Taller de Futuro no reside únicamente en la generación de ideas. Su principal aportación consiste en hacer visible conocimiento que normalmente permanece disperso entre personas, áreas y experiencias. Al crear un espacio estructurado para la reflexión colectiva, la metodología facilita que ese conocimiento se transforme en aprendizaje compartido y, finalmente, en capacidades organizativas.

Quizás por eso sigue siendo relevante décadas después de su creación. No solo ayuda a imaginar futuros posibles. Ayuda a construir las competencias colectivas necesarias para hacerlos realidad.

Sobre la autora

Kristina Mirchuk es consultora en gestión del conocimiento, desarrollo organizativo y gestión por competencias. Desde hace más de quince años acompaña a organizaciones, equipos y profesionales en procesos de aprendizaje, transferencia de conocimiento y desarrollo de capacidades organizativas.

Su trabajo se centra especialmente en cómo transformar el conocimiento disperso de las personas en competencias colectivas capaces de generar resultados sostenibles. Esta perspectiva integra elementos de gestión del conocimiento, aprendizaje organizacional, comunidades de práctica y desarrollo de competencias, con el objetivo de fortalecer la capacidad de adaptación y evolución de las organizaciones en contextos de cambio.

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03Jun

Del conocimiento individual al conocimiento organizativo: cómo construir un proceso de transferencia que funcione

junio 3, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Geist, Preservación de conocimiento, servicios 41

Muchas organizaciones reconocen la importancia de transferir conocimiento.

Sin embargo, cuando preguntamos cómo lo hacen, las respuestas suelen ser similares:

“Tenemos SharePoint.”
“Tenemos carpetas compartidas.”
“Tenemos documentación.”

El problema es que disponer de información no significa que exista transferencia de conocimiento.

La transferencia ocurre cuando una persona puede utilizar lo que otra persona ya sabe para realizar mejor su trabajo.

Y para conseguirlo hace falta algo más que tecnología.

Hace falta un proceso.

Paso 1: identificar el conocimiento crítico

No todo el conocimiento tiene el mismo valor.

La primera pregunta debería ser:

¿Qué conocimientos son realmente esenciales para el funcionamiento de nuestra empresa?

Por ejemplo:

  • Conocimiento técnico especializado.
  • Conocimiento de clientes.
  • Conocimiento de procesos críticos.
  • Conocimiento comercial.
  • Conocimiento normativo.

Intentar documentarlo todo suele conducir al fracaso.

Priorizar es imprescindible.

Paso 2: capturar contexto, no solo contenido

Un procedimiento explica qué hacer.

Pero rara vez explica:

  • Por qué se hace así.
  • Qué errores se cometieron anteriormente.
  • Qué excepciones existen.
  • Qué señales indican que algo puede fallar.

Precisamente ahí se encuentra gran parte del conocimiento valioso.

Por eso recomendamos incorporar entrevistas, relatos de experiencia, casos prácticos y sesiones de reflexión.

Paso 3: organizar para encontrar

Muchas plataformas fracasan porque se convierten en almacenes digitales.

El conocimiento debe ser fácil de encontrar.

Eso requiere:

  • Estructuras simples.
  • Taxonomías claras.
  • Etiquetas coherentes.
  • Responsabilidades definidas.

La pregunta clave es sencilla: ¿Puede cualquier persona encontrar lo que necesita en menos de cinco minutos?

Si la respuesta es no, el sistema necesita mejorar.

Paso 4: integrar el aprendizaje en el trabajo diario

La transferencia de conocimiento no debe ser una actividad adicional. Debe formar parte del trabajo.

Algunas prácticas sencillas:

  • Revisiones después de proyectos.
  • Reuniones de intercambio entre departamentos.
  • Mentoría interna.
  • Sesiones de aprendizaje entre iguales.
  • Comunidades de práctica.

Las organizaciones que aprenden no son las que documentan más. Son las que conversan mejor.

Reflexión final

La transferencia de conocimiento no es un proyecto tecnológico.Es una capacidad organizativa.Y como cualquier capacidad, requiere procesos, hábitos y liderazgo. Las herramientas ayudan. Pero son las personas las que hacen posible que el conocimiento se convierta en acción.

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03Jun

La pérdida de conocimiento: el coste oculto que muchas pymes aún no están viendo

junio 3, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Preservación de conocimiento, servicios 41

Hace unos meses, durante una reunión con una empresa industrial, surgió una situación aparentemente común.

Un técnico con más de veinte años de experiencia iba a jubilarse.

La dirección estaba tranquila.

Había procedimientos documentados.
Había manuales.
Había registros de proyectos.

En teoría, todo estaba controlado.

Sin embargo, cuando empezamos a analizar el trabajo real que realizaba esta persona, apareció una realidad diferente.

Sabía identificar fallos antes de que aparecieran.
Conocía las particularidades de determinados clientes.
Sabía qué proveedor llamar cuando surgía una incidencia urgente.
Entendía por qué algunas decisiones se habían tomado años atrás.

Nada de eso estaba documentado.

Y nada de eso aparecía en los procedimientos.

La empresa no iba a perder información.

Iba a perder capacidad de actuación.

El problema no es la falta de información

Vivimos rodeados de información.

Correos electrónicos.
Documentos.
Informes.
Bases de datos.
Aplicaciones.
Herramientas colaborativas.

La mayoría de las organizaciones ya tienen más información de la que pueden gestionar.

Sin embargo, siguen apareciendo los mismos problemas:

  • Se repiten errores ya resueltos.
  • Los nuevos empleados tardan demasiado en integrarse.
  • Los proyectos dependen de personas concretas.
  • Los equipos trabajan en silos.
  • Se pierde tiempo buscando información.

La pregunta ya no es cuánto sabemos.

La pregunta es cuánto de ese conocimiento somos capaces de reutilizar.

El conocimiento que realmente genera valor suele ser invisible

Cuando hablamos de conocimiento, solemos pensar en documentos.

Pero una gran parte del conocimiento organizativo vive en las personas.

Por ejemplo:

  • Experiencia acumulada.
  • Relaciones profesionales.
  • Criterios de decisión.
  • Buenas prácticas desarrolladas con los años.
  • Conocimiento del contexto.
  • Capacidad para resolver problemas complejos.

Es precisamente este conocimiento el que más contribuye a la competitividad de una empresa.

Y también el más difícil de transferir.

¿Qué ocurre cuando no se gestiona?

Las consecuencias no suelen aparecer de un día para otro.

Se acumulan lentamente.

Más tiempo para resolver incidencias.
Más dependencia de determinadas personas.
Más esfuerzo para formar a nuevos profesionales.
Más retrabajo.
Más errores evitables.

En otras palabras:

menos capacidad para adaptarse.

Y en un entorno económico cada vez más incierto, la capacidad de adaptación se ha convertido en una ventaja competitiva fundamental.

Una pregunta para cualquier dirección

Si mañana una de las personas clave de su organización no pudiera acudir a trabajar durante tres meses:

¿qué conocimiento desaparecería con ella?

La respuesta suele ser más preocupante de lo que parece.

Reflexión final

La mayoría de las empresas no pierden conocimiento cuando alguien se marcha.

Lo pierden mucho antes.

Lo pierden cada vez que una experiencia no se comparte.
Cada vez que una lección aprendida no se captura.
Cada vez que un equipo trabaja aislado del resto.

La gestión del conocimiento no consiste en almacenar documentos.

Consiste en asegurar que la organización pueda seguir aprendiendo, actuando y creciendo independientemente de las personas concretas que ocupan cada puesto.

Porque el verdadero riesgo no es perder información.

Es perder la capacidad de utilizarla.


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06Mar

Transferencia de conocimiento: propuesta de actuación en la empresa

marzo 6, 2023 Cioka Artículos, Geist, Preservación de conocimiento 196
The object of all work is production or accomplishment and to either of these ends there must be
forethought, system, planning, intelligence, and honest purpose, as well as perspiration.
Thomas Edison –

Contexto

Todo trabajo es una mezcla de habilidades específicas, tareas, conocimientos acumulados y la capacidad

de tomar decisiones adecuadas basadas en nuestros conocimientos.

La transferencia de conocimiento  esta en la preservación del conocimiento  implícito y explicito de los empleados, como el conocimiento del producto, del proceso y del cliente especial (contactos, peculiaridades, interlocutores, etc.).

Beneficios

La transferencia de conocimiento en las organizaciones tiene múltiples beneficios:

#1 Mantener los conocimientos relevantes dentro de la empresa

La transferencia de conocimiento busca mantener dentro de la empresa los conocimientos o la experiencia de los empleados que la abandonan para evitar que se pierdan

#2 Mayor rapidez en la incorporación de nuevos empleados

Los nuevos empleados pueden familiarizarse más rápidamente con sus nuevas tareas.

También aplica a los cambios internos de puesto y a los futuros especialistas y directivos.

#3 Creación de conocimientos específicos en la empresa

La transferencia de conocimiento genera una base para el intercambio de:

  • Conocimientos teóricos actuales
  • Conocimientos y experiencia práctica

#4 Transparencia sobre los activos de conocimiento en la empresa

Una mayor transparencia sobre los activos de conocimiento de la empresa permite:

  • Identificar las brechas de conocimiento relevantes
  • Iniciar medidas para cerrarlas

#5 Mayor capacidad de innovación

La transferencia de conocimiento  en la organización entre miembros diversos aumenta la posibilidad de desarrollar productos y soluciones novedosas.

#6 Retención de los empleados

La interconexión social de los empleados, asociada a las medidas de transferencia de  conocimientos y experiencia y a la valoración de sus competencias, aumenta la fidelidad de los empleados debido a una  mayor satisfacción.

Métodos

La transferencia de conocimiento implícito y explícito requieren métodos diferentes:

Conocimiento implícito

Equipos de edades mixtas

Equipos formados por personas de diversas edades abordan juntos las tareas y aprenden unos de otros.

 Tandems de aprendizaje

En un periodo de tiempo limitado, el donante y el receptor de conocimiento completan una tarea de manera conjunta y el conocimiento generado se documenta por escrito.

Tutoría

A un empleado sin experiencia (alumno) se le asigna un empleado con experiencia (mentor), para responder a preguntas sobre el trabajo y la empresa.

Lecciones aprendidas

Las experiencias adquiridas en el día a día se presentan a los colegas en una reunión, se discuten y se registran para su uso futuro.

Mapas de conocimiento

El conocimiento se estructura de manera esquemática y visual en un gráfico que sirve de punto de entrada  a documentos con conocimiento más detallado.

Conocimiento explícito

Guía de repositorios de conocimiento (páginas amarillas)

Las competencias, la experiencia y los datos de contacto figuran en el perfil del empleado, para que todos los miembros de la empresa sepan a qué persona deben dirigirse.

Portal wiki

Una base de datos de conocimiento interna de la empresa que se llena con información relevante y otros contenidos por los propios empleados.

Preguntas frecuentes (FAQ)

La documentación de las respuestas a las preguntas más frecuentes en una colección interna.

Mapa de transferencia de conocimiento

Tipos de conocimiento

Plantilla de mapa de conocimiento

Proceso genérico

El proceso genérico de transferencia de conocimiento costa de 4 actividades principales:

Entrevista previa:

Actividades:

  • Identificar las necesidades y los objetivos de la organización
  • Toma de contacto, crear una base de confianza
  • Explicar los métodos
  • Conocer el contexto
  • Definir los objetivos
  • Identificar temas y actividades relevantes
  • Priorizar temas
  • Crear una agenda aproximada
  • Establecer los participantes

Duración:

1,5 – 2 horas

Participantes:

  • Portador del conocimiento
  • Tomador del conocimiento
  • Gestor del conocimiento
  • Gerente y/o responsable de recursos humanos

Primera reunión:

Actividades:

  • Ir a la fuente de información
  • Ejercicio de aprendizaje: cómo hacer el trabajo
  • Mapa del conocimiento

Duración:

3 horas

Participantes:

  • Portador del conocimiento
  • Gestor del conocimiento

Segunda reunión

Actividades:

  • Comprender los requisitos de competencias del puesto de trabajo
  • Mapa del conocimiento
  • Análisis de tareas (story mapping)

Duración:

3 horas

Participantes:

  • Portador del conocimiento
  • Gestor del conocimiento

Tercera reunión

Actividades:

  • Clasificar el puesto y el trabajo (detalles del trabajo)
  • Perfil personal de competencias
  • Mapa del conocimiento

Duración:

3 horas

Participantes:

  • Portador del conocimiento
  • Gestor del conocimiento

La reunión final

Actividades:

  • Evaluar juntos el proceso y los resultados
  • Acordar los próximos pasos

Entregables:

  • Mapa de conocimiento
  • Perfil de competencias
    • Rol
    • Personal
  • Análisis de tareas (Story mapping)

Duración:

1 – 1,5 horas

Participantes:

  • Portador del conocimiento
  • Tomador del conocimiento
  • Gestor del conocimiento
  • Gerente y/o responsable recursos humanos

 

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