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resiliencia

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29Jun

El Balance de Competencias ya no es suficiente

junio 29, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Desarrollo de conocimiento, Identificación de repositorios 12

Por qué el futuro del desarrollo profesional pasa por gestionar el conocimiento, no solo por identificar competencias

Durante décadas, el Balance de Competencias ha ayudado a miles de personas a comprender mejor su trayectoria profesional, reconocer sus fortalezas y orientar nuevas decisiones laborales. Ha sido, y sigue siendo, una herramienta valiosa para detenerse, mirar atrás y descubrir capacidades que muchas veces permanecen invisibles en la rutina del trabajo diario.

Sin embargo, el mundo profesional ha cambiado profundamente.

Hoy cambiamos de empleo con mayor frecuencia, aparecen nuevas profesiones cada pocos años, la inteligencia artificial transforma la manera de trabajar y el conocimiento deja de ser un recurso estable para convertirse en algo que evoluciona continuamente. En este contexto, surge una pregunta que pocas metodologías responden:

¿Qué ocurre después del Balance de Competencias?

Identificar nuestras competencias es importante, pero ya no es suficiente. La verdadera cuestión es cómo seguir desarrollándolas, adaptándolas y utilizándolas a lo largo de una trayectoria profesional que probablemente cambiará varias veces.

El verdadero reto no es descubrir competencias, sino aprender a evolucionar

En muchos procesos de orientación profesional las personas llegan buscando respuestas concretas:

“¿Qué profesión debería elegir?”

“¿En qué soy bueno?”

“¿Cuál es mi siguiente paso?”

Sin embargo, la experiencia demuestra que las respuestas rara vez son tan simples.

A lo largo de los últimos años, acompañando a profesionales de sectores muy diversos —industria, ingeniería, tecnología, emprendimiento o entidades sociales— hemos observado un patrón que se repite con sorprendente frecuencia.

Las competencias no suelen desaparecer.

Lo que cambia es la forma en que las personas las perciben.

Después de años trabajando bajo presión, afrontando cambios organizativos o atravesando etapas de incertidumbre, muchas personas dejan de reconocer el valor que han construido. Siguen siendo capaces de analizar, aprender, resolver problemas o coordinar equipos, pero esas capacidades quedan ocultas tras el desgaste, la rutina o la sensación de haber perdido el rumbo.

Cuando analizamos sus experiencias desde las evidencias y no desde las emociones del momento, descubrimos algo muy diferente: las competencias siguen ahí.

Lo que necesitan no es empezar de nuevo.

Necesitan volver a hacer visible todo aquello que ya han construido.

La experiencia solo genera valor cuando se transforma en conocimiento

Esta reflexión nos llevó a conectar disciplinas que, tradicionalmente, han evolucionado por separado.

Por un lado, el Balance de Competencias nos ayuda a reconstruir la trayectoria profesional de una persona.

Por otro, la Gestión del Conocimiento nos enseña que la experiencia únicamente adquiere valor cuando somos capaces de hacerla explícita, comprenderla y reutilizarla.

Y el Personal Knowledge Management (PKM) nos recuerda que aprender no consiste en acumular información, sino en desarrollar hábitos para capturar, organizar, relacionar y aplicar ese conocimiento de forma continua.

Cuando unimos estas perspectivas aparece una idea diferente.

Las competencias no nacen de un curso de formación.

Nacen de las experiencias.

Se fortalecen mediante la reflexión.

Se consolidan cuando generan valor en situaciones reales.

Y continúan evolucionando cada vez que la persona aprende algo nuevo.

Desde esta perspectiva, el Balance de Competencias deja de ser un proceso aislado y se convierte en el punto de partida de un aprendizaje permanente.

Un cambio de pregunta

Durante mucho tiempo hemos preguntado:

¿Qué competencias tienes?

Quizá hoy deberíamos empezar a preguntar:

¿Cómo vas a seguir desarrollando esas competencias durante los próximos diez años?

Este pequeño cambio modifica completamente la conversación.

Ya no hablamos únicamente de empleabilidad.

Hablamos de capacidad de adaptación.

No hablamos solo de orientación profesional.

Hablamos de aprendizaje continuo.

No hablamos únicamente del pasado.

Hablamos de cómo construir el futuro.

Hacia un nuevo enfoque del desarrollo profesional

En GEIST Consultancy creemos que el desarrollo profesional necesita integrar el conocimiento adquirido durante las últimas décadas en ámbitos como la Gestión del Conocimiento, las competencias organizativas, el aprendizaje permanente y la orientación profesional.

Por ello, estamos trabajando en un marco que entiende el desarrollo competencial como un proceso continuo, donde cada experiencia alimenta nuevos aprendizajes y cada aprendizaje fortalece nuevas competencias.

No se trata únicamente de descubrir quién eres hoy como profesional.

Se trata de desarrollar la capacidad para seguir evolucionando durante toda tu vida laboral.

El futuro empieza cuando termina el Balance

Quizá la mayor aportación del Balance de Competencias no sea responder quién eres.

Quizá sea ayudarte a formular una pregunta mucho más poderosa:

¿Qué quieres seguir construyendo a partir de todo lo que ya has aprendido?

Porque la experiencia, por sí sola, no garantiza el crecimiento.

El conocimiento, por sí solo, tampoco.

El verdadero desarrollo comienza cuando somos capaces de transformar la experiencia en conocimiento, el conocimiento en competencias y las competencias en nuevas oportunidades para seguir aprendiendo y aportando valor.

Ese es el reto del desarrollo profesional en la era del aprendizaje continuo.

Y, probablemente, también sea el siguiente paso en la evolución del Balance de Competencias.

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24Jun

Tener más datos no garantiza mejores resultados

junio 24, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Identificación de repositorios, servicios 13

Del dato a la ventaja competitiva: el camino que muchas organizaciones olvidan

Vivimos en una época en la que generar información nunca había sido tan fácil.

Sistemas ERP, CRM, plataformas colaborativas, sensores industriales, inteligencia artificial, cuadros de mando y herramientas de análisis producen diariamente cantidades enormes de datos. Sin embargo, a pesar de disponer de más información que nunca, muchas organizaciones siguen enfrentándose a los mismos desafíos: dificultades para tomar decisiones, pérdida de conocimiento crítico, duplicación de esfuerzos o problemas para adaptarse a nuevos contextos.

La pregunta es inevitable:

¿Por qué disponer de más información no siempre se traduce en mejores resultados?

La respuesta suele encontrarse en una confusión frecuente entre conceptos que utilizamos a diario como si fueran sinónimos: datos, información, conocimiento, capacidad y competencia.

El primer error: creer que los datos tienen significado por sí solos

Los datos representan hechos aislados.

Una cifra, una fecha, un registro de producción o un resultado de una encuesta son ejemplos de datos. Por sí mismos, carecen de significado. Necesitan contexto para ser interpretados.

Por ejemplo, saber que una máquina ha producido 1.250 piezas durante una jornada es un dato.

¿Es un buen resultado? ¿Es peor que ayer? ¿Está dentro de los objetivos previstos?

Sin contexto resulta imposible responder.

Cuando los datos adquieren contexto aparece la información

La información surge cuando organizamos e interpretamos los datos.

Volviendo al ejemplo anterior, comparar las 1.250 piezas producidas con los objetivos establecidos o con los resultados históricos permite comprender mejor la situación.

La información ayuda a responder preguntas como:

  • ¿Qué está ocurriendo?
  • ¿Qué ha cambiado?
  • ¿Dónde existen desviaciones?

Sin embargo, incluso una información perfectamente estructurada no garantiza una decisión acertada.

El conocimiento aparece cuando interviene la experiencia

Dos personas pueden recibir exactamente la misma información y llegar a conclusiones diferentes.

¿Por qué?

Porque el conocimiento no reside únicamente en los documentos o sistemas informáticos.

El conocimiento surge cuando las personas interpretan la información a partir de su experiencia, su contexto, sus aprendizajes previos y su capacidad de análisis.

Por eso una organización puede disponer de procedimientos perfectamente documentados y, aun así, depender enormemente de determinadas personas para resolver problemas complejos.

La experiencia sigue siendo un activo crítico.

El verdadero reto: transformar conocimiento en capacidad

Aquí es donde muchas iniciativas de transformación digital encuentran sus límites.

Una organización puede disponer de datos de calidad, información bien estructurada y profesionales con gran conocimiento.

Pero eso no significa necesariamente que sea capaz de actuar de manera eficaz.

La capacidad aparece cuando el conocimiento puede utilizarse de forma consistente para alcanzar un propósito.

No depende únicamente de las personas.

También intervienen procesos, recursos, herramientas, relaciones y cultura organizativa.

Las capacidades organizativas permiten que el conocimiento deje de ser individual y se convierta en algo que la organización puede reproducir y desarrollar.

De la capacidad a la competencia

Cuando una capacidad puede aplicarse de manera consistente para generar resultados en situaciones reales, hablamos de competencia.

La competencia representa la capacidad demostrada para actuar con eficacia.

Por este motivo, las organizaciones no deberían preguntarse únicamente qué conocimiento poseen.

La pregunta más relevante es:

¿Qué somos capaces de hacer gracias a ese conocimiento?

La ventaja competitiva no surge de la información

En muchas ocasiones se afirma que los datos son el nuevo petróleo.

Sin embargo, la realidad es más compleja.

Los datos están cada vez más disponibles.

La tecnología es cada vez más accesible.

La inteligencia artificial se está democratizando rápidamente.

Lo que sigue siendo difícil de copiar son las capacidades organizativas desarrolladas a lo largo del tiempo.

La capacidad para aprender más rápido, compartir conocimiento, adaptarse al cambio, colaborar eficazmente o innovar de manera sostenida continúa siendo una fuente de diferenciación difícil de imitar.

Del dato a la ventaja competitiva

El proceso puede resumirse de forma sencilla:

Datos → Información → Conocimiento → Capacidad → Competencia → Ventaja competitiva

Cada nivel aporta valor al anterior.

Pero también exige nuevas capacidades de gestión y aprendizaje.

Las organizaciones que prosperan no son necesariamente aquellas que generan más información.

Son aquellas capaces de transformar conocimiento en capacidades organizativas que generan resultados.

Una reflexión

La inteligencia artificial seguirá multiplicando nuestra capacidad para generar y procesar información.

Sin embargo, el desafío principal seguirá siendo humano y organizativo.

Porque la verdadera ventaja competitiva no reside en los datos que una organización posee.

Reside en su capacidad para convertir esos datos en conocimiento, ese conocimiento en capacidades y esas capacidades en resultados sostenibles.

¿Sabes qué conocimientos son realmente críticos para el futuro de tu organización?

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24Jun

Del conocimiento a la ventaja competitiva

junio 24, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Innovación, Investigación, servicios 19

Cómo las organizaciones desarrollan capacidades para prosperar en la era de la inteligencia artificial

En un entorno marcado por la inteligencia artificial, el cambio acelerado y la creciente complejidad, las organizaciones más competitivas no son necesariamente las que poseen más información, sino aquellas capaces de transformar conocimiento en capacidades que generan valor.

¿Por qué algunas organizaciones son capaces de adaptarse, innovar y crecer de forma sostenida mientras otras luchan por mantenerse al día?

 

Durante décadas, las organizaciones han invertido en tecnología, procesos y sistemas de información con la esperanza de mejorar su rendimiento. Sin embargo, la experiencia demuestra que disponer de más datos, más herramientas o más información no garantiza mejores decisiones ni mejores resultados.

La diferencia suele encontrarse en otro lugar: en la capacidad de transformar conocimiento en acción.

Y, más concretamente, en la capacidad de convertir conocimiento en capacidades organizativas que permitan responder a los desafíos de un entorno cada vez más complejo, cambiante y digital. Para comprender cómo ocurre esta transformación, es necesario recorrer el camino que lleva desde los datos hasta la ventaja competitiva.

Del dato a la ventaja competitiva

Todo comienza con una pregunta aparentemente sencilla: ¿qué diferencia existe entre un dato y una ventaja competitiva?

Los datos representan hechos aislados. Cuando esos datos adquieren contexto, se convierten en información. Cuando las personas interpretan esa información y la combinan con su experiencia, surge el conocimiento. Sin embargo, el conocimiento por sí solo no genera resultados. Para crear valor debe transformarse en capacidad de actuación. Y cuando esa capacidad puede aplicarse de forma consistente para alcanzar resultados, hablamos de competencia.

La ventaja competitiva surge precisamente en ese punto. No cuando una organización posee conocimiento, sino cuando es capaz de utilizarlo mejor que otras.Seguir leyendo sobre este tema aquí.

El ecosistema de los activos intangibles

Si el conocimiento es importante, surge una segunda pregunta: ¿dónde reside realmente ese conocimiento?

Gran parte del valor organizativo no se encuentra en edificios, maquinaria o recursos financieros. Reside en elementos menos visibles: la experiencia de las personas, las competencias desarrolladas a lo largo del tiempo, las relaciones con clientes y colaboradores, la cultura organizativa, la reputación, la innovación o la capacidad de aprendizaje.

Estos elementos forman parte de lo que conocemos como activos intangibles. Aunque rara vez aparecen reflejados en un balance financiero, influyen directamente en la capacidad de una organización para crear valor, adaptarse a los cambios y mantener su competitividad a largo plazo.

Por ello, cada vez más organizaciones comienzan a reconocer que gestionar activos intangibles es una cuestión estratégica y no únicamente financiera.

Personas + Tecnología

La irrupción de la inteligencia artificial ha reactivado además un debate recurrente.

¿Son las personas o la tecnología quienes generan valor?

La realidad es que la ventaja competitiva no surge de elegir entre ambas. Las personas aportan experiencia, criterio, creatividad, contexto y capacidad de aprendizaje. La tecnología aporta velocidad, escalabilidad, automatización y capacidad analítica.

Mientras las personas generan significado, la tecnología amplifica la capacidad para acceder, conectar y utilizar conocimiento. Las organizaciones más avanzadas son aquellas capaces de integrar ambas dimensiones de forma coherente para potenciar sus capacidades organizativas.

Del conocimiento individual a la competencia organizativa

Uno de los mayores desafíos organizativos consiste precisamente en evitar que el conocimiento permanezca aislado en individuos o departamentos.

La experiencia individual resulta valiosa, pero solo genera impacto sostenible cuando puede convertirse en aprendizaje colectivo. Este proceso implica transformar experiencias en conocimiento compartido, conocimiento compartido en capacidades organizativas y capacidades organizativas en competencias que permitan responder eficazmente a situaciones complejas.Este reto resulta especialmente relevante en contextos de relevo generacional, crecimiento empresarial o transformación organizativa, donde el riesgo de perder conocimiento crítico puede comprometer la continuidad y la capacidad de innovación de la organización.

Es aquí donde aparece uno de los conceptos más relevantes para las organizaciones actuales: las capacidades organizativas. Porque las organizaciones no compiten únicamente por lo que saben. Compiten por lo que son capaces de hacer con aquello que saben.

Competencias para trabajar con conocimiento

La economía industrial premiaba la especialización. La economía del conocimiento exige algo más.

Las organizaciones necesitan personas capaces de aprender continuamente, colaborar, gestionar información, interpretar contextos complejos y adaptarse a nuevas situaciones. Competencias como el pensamiento sistémico, la comunicación, la colaboración, el pensamiento crítico, la adaptabilidad o la gestión de información y conocimiento se han convertido en factores clave para el desempeño profesional y organizativo.

El conocimiento ya no es únicamente un recurso. Es una competencia que debe desarrollarse.En este contexto, aprender a trabajar con conocimiento se convierte en una competencia transversal. Ya no es una responsabilidad exclusiva de especialistas o responsables de gestión del conocimiento. Forma parte del trabajo cotidiano de profesionales, equipos directivos y organizaciones que desean mantenerse competitivas.

El ciclo del conocimiento

Sin embargo, el conocimiento no puede entenderse como algo estático.

Se crea, comparte, aplica, evalúa, preserva y renueva continuamente. Por ello, la gestión del conocimiento no puede concebirse como un proyecto puntual o una herramienta tecnológica. Debe formar parte del funcionamiento cotidiano de la organización.Cuando alguna de estas etapas se debilita, el conocimiento pierde parte de su valor. Por ejemplo, una organización puede generar aprendizajes valiosos, pero si no los comparte o reutiliza, difícilmente podrán convertirse en capacidades colectivas.

Organización que aprende

Las organizaciones que logran integrar estos procesos de manera natural desarrollan una ventaja adicional: la capacidad de aprender.

Peter Senge popularizó hace décadas el concepto de organización que aprende. Lejos de perder vigencia, esta idea resulta hoy más relevante que nunca. Las organizaciones que prosperan son capaces de aprender de su experiencia, compartir conocimiento, experimentar, adaptarse y mejorar continuamente.

En un entorno caracterizado por la incertidumbre y la velocidad del cambio, aprender más rápido que el entorno puede convertirse en una ventaja competitiva decisiva. Esta capacidad de aprendizaje continuo no surgió de forma espontánea. Es el resultado de décadas de evolución en la forma de entender el conocimiento dentro de las organizaciones.

Evolución de la disciplina

La propia disciplina de la gestión del conocimiento ha evolucionado significativamente durante las últimas décadas.

Desde los enfoques centrados en la información durante los años setenta hasta los actuales debates sobre inteligencia artificial, activos intangibles, aprendizaje organizativo y capacidades organizativas, la disciplina ha ampliado su alcance y madurez.

Sin embargo, su propósito fundamental permanece intacto: ayudar a las organizaciones a crear más valor a partir de lo que saben.

Del conocimiento a la ventaja competitiva

Si observamos conjuntamente todos estos elementos aparece una imagen más amplia.

Las organizaciones generan valor cuando son capaces de conectar personas, experiencia, aprendizaje, conocimiento, tecnología, cultura y activos intangibles en un sistema coherente. Todo ello converge en el desarrollo de capacidades organizativas. Son esas capacidades las que permiten innovar, adaptarse, responder al cambio y mantener una posición competitiva sostenible en el tiempo.

Las organizaciones no prosperan porque posean más información. Tampoco porque dispongan de más tecnología. Prosperan porque son capaces de transformar conocimiento en capacidades que generan resultados.

En un contexto marcado por la inteligencia artificial, el relevo generacional, la escasez de talento especializado y la necesidad de innovar continuamente, esta capacidad será cada vez más determinante. Porque la ventaja competitiva no reside en lo que una organización sabe. Reside en lo que es capaz de hacer con ese conocimiento.

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03Jun

Inteligencia artificial, comunidades de práctica y gestión del conocimiento: preparando la pyme para los próximos años

junio 3, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Comunidades de práctica, Desarrollo de conocimiento, Geist, IA, servicios 24

La inteligencia artificial está ocupando gran parte de las conversaciones empresariales. Muchas organizaciones esperan que ayude a resolver problemas relacionados con la información, la productividad y el conocimiento. En parte, tienen razón. Pero también existe un riesgo. Pensar que la tecnología resolverá problemas organizativos que ya existían antes de la llegada de la IA.

La IA necesita orden

La calidad de una respuesta generada por inteligencia artificial depende directamente de la calidad de la información disponible.

Si una organización tiene:

  • Información dispersa.
  • Documentación obsoleta.
  • Procesos poco claros.
  • Terminología inconsistente.

La IA no solucionará estos problemas.

Simplemente los procesará más rápido.

Por eso la pregunta correcta no es:

“¿Cómo podemos utilizar IA?”

Sino:

“¿Está preparado nuestro conocimiento para trabajar con IA?”

El papel de las personas sigue siendo fundamental

A pesar de los avances tecnológicos, las organizaciones siguen aprendiendo a través de las personas.

Las conversaciones.
La colaboración.
La observación.
La resolución conjunta de problemas.

Nada de esto desaparece con la inteligencia artificial.

De hecho, se vuelve más importante.

Comunidades de práctica: un activo infrautilizado

Una comunidad de práctica es un grupo de personas que comparten conocimientos, experiencias y desafíos relacionados con una actividad común.

Las organizaciones más innovadoras llevan años utilizándolas para:

  • Compartir experiencia.
  • Resolver problemas complejos.
  • Acelerar el aprendizaje.
  • Reducir duplicidades.
  • Desarrollar capacidades internas.

En muchas pymes, estas comunidades ya existen de forma informal.

La cuestión es cómo apoyarlas y fortalecerlas.

El conocimiento como ventaja competitiva

Durante años hemos hablado de maquinaria, tecnología, instalaciones o financiación.

Todos ellos siguen siendo importantes.

Pero cada vez resulta más evidente que el conocimiento se ha convertido en uno de los principales activos estratégicos de cualquier organización.

No solo el conocimiento que poseen las personas.

También la capacidad colectiva para compartirlo, desarrollarlo y utilizarlo.

Reflexión final

La inteligencia artificial cambiará muchas cosas.

Pero no sustituirá la necesidad de aprender.

No sustituirá la experiencia.

No sustituirá la colaboración.

Las organizaciones que obtendrán mayor valor de la IA no serán necesariamente las que adopten más herramientas.

Serán aquellas que hayan desarrollado una cultura donde el conocimiento circula, se comparte y se transforma en capacidad de actuación.

Porque al final, la tecnología puede amplificar el conocimiento.

Pero primero hay que construirlo.

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03Jun

Del conocimiento individual al conocimiento organizativo: cómo construir un proceso de transferencia que funcione

junio 3, 2026 K_0mp3T3nz Artículos, Geist, Preservación de conocimiento, servicios 22

Muchas organizaciones reconocen la importancia de transferir conocimiento.

Sin embargo, cuando preguntamos cómo lo hacen, las respuestas suelen ser similares:

“Tenemos SharePoint.”
“Tenemos carpetas compartidas.”
“Tenemos documentación.”

El problema es que disponer de información no significa que exista transferencia de conocimiento.

La transferencia ocurre cuando una persona puede utilizar lo que otra persona ya sabe para realizar mejor su trabajo.

Y para conseguirlo hace falta algo más que tecnología.

Hace falta un proceso.

Paso 1: identificar el conocimiento crítico

No todo el conocimiento tiene el mismo valor.

La primera pregunta debería ser:

¿Qué conocimientos son realmente esenciales para el funcionamiento de nuestra empresa?

Por ejemplo:

  • Conocimiento técnico especializado.
  • Conocimiento de clientes.
  • Conocimiento de procesos críticos.
  • Conocimiento comercial.
  • Conocimiento normativo.

Intentar documentarlo todo suele conducir al fracaso.

Priorizar es imprescindible.

Paso 2: capturar contexto, no solo contenido

Un procedimiento explica qué hacer.

Pero rara vez explica:

  • Por qué se hace así.
  • Qué errores se cometieron anteriormente.
  • Qué excepciones existen.
  • Qué señales indican que algo puede fallar.

Precisamente ahí se encuentra gran parte del conocimiento valioso.

Por eso recomendamos incorporar entrevistas, relatos de experiencia, casos prácticos y sesiones de reflexión.

Paso 3: organizar para encontrar

Muchas plataformas fracasan porque se convierten en almacenes digitales.

El conocimiento debe ser fácil de encontrar.

Eso requiere:

  • Estructuras simples.
  • Taxonomías claras.
  • Etiquetas coherentes.
  • Responsabilidades definidas.

La pregunta clave es sencilla: ¿Puede cualquier persona encontrar lo que necesita en menos de cinco minutos?

Si la respuesta es no, el sistema necesita mejorar.

Paso 4: integrar el aprendizaje en el trabajo diario

La transferencia de conocimiento no debe ser una actividad adicional. Debe formar parte del trabajo.

Algunas prácticas sencillas:

  • Revisiones después de proyectos.
  • Reuniones de intercambio entre departamentos.
  • Mentoría interna.
  • Sesiones de aprendizaje entre iguales.
  • Comunidades de práctica.

Las organizaciones que aprenden no son las que documentan más. Son las que conversan mejor.

Reflexión final

La transferencia de conocimiento no es un proyecto tecnológico.Es una capacidad organizativa.Y como cualquier capacidad, requiere procesos, hábitos y liderazgo. Las herramientas ayudan. Pero son las personas las que hacen posible que el conocimiento se convierta en acción.

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19Mar

Definición del Conocimiento y sus componentes

marzo 19, 2023 Cioka #ejemplo practico, Desarrollo de conocimiento, Geist, Identificación de repositorios 152

¿𝗤𝘂𝗲́ 𝗲𝘀 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼? ¿𝗬 𝗰𝗼́𝗺𝗼 𝗹𝗼 𝗲𝘅𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗿í𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮 𝗺𝗮́𝘀 𝘀𝗲𝗻𝗰𝗶𝗹𝗹𝗮 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲? ⁣Aquí, utilizando el ejemplo de un cocinero y sus actividades en la cocina, se presenta el concepto de la escala de conocimiento según Klaus North

 

Conocimiento(ISO 30401:2018 § 3.25) Activo humano u organizacional que facilita la toma de decisiones efectivas y la realización de acciones en contexto Nota 1 El conocimiento puede ser individual, colectivo u organizacional Nota 3 El conocimiento es adquirido mediante el aprendizaje o la experiencia Gestión de conocimiento La gestión del conocimiento es una actividad con un carácter holístico, centrado en gestionar y utilizar activa, consciente y sistemáticamente el conocimiento para obtener ventajas competitivas Se basa en una cultura de aprendizaje continuo en la que el conocimiento se va adquiriendo progresivamente en función de las necesidades y en la que la experiencia adquirida se va interiorizando para aprender La escala del conocimiento según Klaus North

 

¿𝗤𝘂𝗲́ 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗲𝗹 𝘁𝗲́𝗿𝗺𝗶𝗻𝗼 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘆 𝗱𝗲 𝗾𝘂𝗲́ 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗻𝗲𝗻𝘁𝗲𝘀 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗼𝗻𝗲?𝗦𝗲 𝗽𝗿𝗲𝘀𝗲𝗻𝘁𝗮𝗻 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘅𝘁𝗼 𝗳𝗮𝗺𝗶𝗹𝗶𝗮𝗿 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗶𝗺𝗽𝗹í𝗰𝗶𝘁𝗼 𝘆 𝗲𝘅𝗽𝗹í𝗰𝗶𝘁𝗼, 𝗹𝗮 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗲𝘁𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮, 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗽𝗮𝗰𝗶𝗱𝗮𝗱, 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗳𝗼𝗿𝗺𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘆, 𝗽𝗼𝗿 𝘂́𝗹𝘁𝗶𝗺𝗼, 𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗶𝗼́𝗻 𝗱𝗲𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗼𝗰𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝘆 𝘀𝘂 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗮𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗿𝗮́𝗰𝘁𝗶𝗰𝗮. ⁣

🔦 Imaginemos que un chef trabaja en un restaurante que quiere ofrecer una nueva sección de platos vegetarianos en el menú.

El chef sabe cómo cocinar verduras, pero no tiene mucho conocimiento sobre cómo crear platos vegetarianos sabrosos y bien equilibrados que atraigan a los comensales.

Para abordar esta situación, el chef puede aplicar la gestión del conocimiento para obtener el conocimiento necesario para crear estos platos.

Primero, el chef puede comenzar por recopilar información sobre los ingredientes vegetales disponibles y sus propiedades nutricionales.

Luego, puede buscar datos sobre las preferencias de los comensales en relación con los platos vegetarianos y la demanda del mercado en general.

A través de esta recopilación de información y datos, el chef puede adquirir conocimientos explícitos y comprender mejor el contexto en el que se encuentra trabajando.

Después de adquirir este conocimiento, el chef puede aplicar su capacidad culinaria y comenzar a experimentar con diferentes ingredientes y técnicas para crear platos vegetarianos sabrosos y bien equilibrados.

Con el tiempo, puede compartir su conocimiento con otros chefs y miembros del personal en el restaurante, lo que fomenta la gestión del conocimiento colectivo en la organización.

Finalmente, al utilizar activa, consciente y sistemáticamente el conocimiento adquirido, el chef puede crear platos vegetarianos exitosos y así desarrollar la competencia sobre la cocina vegetariana, destacar con sus platos del resto de los restaurantes al rededor y ganar con el tiempo una ventaja competitiva para el restaurante.

A través de la gestión del conocimiento operativo y estratégico, el chef ha adquirido el conocimiento necesario para crear nuevos platos y mejorar la calidad del menú en general, lo que ha llevado al éxito del negocio.

👉 Aquí puedes leer las definiciones en nuestro glosario: https://lnkd.in/duEMu-Jt
https://lnkd.in/enWiXVj3

¿𝗧𝗲 𝗵𝗮 𝗿𝗲𝘀𝘂𝗹𝘁𝗮𝗱𝗼 𝘂́𝘁𝗶𝗹 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝗲𝗷𝗲𝗺𝗽𝗹𝗼? 𝗘𝘀𝗰𝗿í𝗯𝗲𝗹𝗼 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗿𝗶𝗼𝘀!

 

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13Mar

Competencias organizativas para la resiliencia organizativa sostenible

marzo 13, 2023 Cioka Desarrollo de conocimiento, Geist, Investigación 154

Estamos muy emocionados de que nuestro abstracto sobre el tema “Competencias organizativas: la esencia de la resiliencia emergente” haya sido aceptado para la participación en IFKAD 2023 “Managing knowledge for sustainaibility”.

El tema elaboramos en colaboración con Katrin Singer-Coudoux de Fraunhofer Institute for Production Systems and Design Technology IPK, Kristina Mirchuk y Oroitz Elgezabal de Geist Consultancy.

Según la teoría de la visión basada en los recursos (ressource based view – RBV), una organización puede considerarse como un conjunto de recursos físicos, recursos humanos y recursos organizativos (Barney, 1991; Amit y Shoemaker, 1993).

La teoría RBV sugiere que las diferencias en los recursos de la organización (tangibles o intangibles) se acumulan y aprenden a lo largo del tiempo, y la heterogeneidad de los recursos de la organización puede considerarse un conjunto de recursos físicos, humanos y organizativos. La heterogeneidad de esos recursos es la fuente de la ventaja competitiva (Srivastava, 2005).

Los recursos organizativos incluyen todos los activos, capacidades procesos organizativos, atributos de la empresa, información, conocimientos, etc., que posee una organización (Barney, 1991).

Estos pueden dividirse en activos (recursos de tener) y competencias (recursos de hacer) (Hall, 1991).

El objetivo de este trabajo es apoyar a las pequeñas y medianas empresas (PYME) mediante considerando el concepto de resiliencia organizativa como una propiedad asociada a las organizaciones, que surge de la interacción de determinadas competencias organizativas; identificando estas competencias y, definiendo la forma en que estas competencias deben interactuar, para que la organización sea considerada resiliente, según el marco definido por las normas ISO 22316 y BS 65000.

Este trabajo se inició en el marco del grupo de trabajo de la Sociedad para la Gestión del Conocimiento (Gesellschaft für Wissensmanagement e.V.) para apoyar la resiliencia de las PYMEs.

En 2022, en colaboración con Manfred Bornemann, pusimos el primer hito con la “Knowledge management as a booster for SME resilience in highly dynamic and disruptive operational contexts”.

Aquí puede encontrar un breve resumen de los resultados:

Operaciones empresariales en contextos turbulentos; KMGN Newsletter 2022.

 

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